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Amistad, Amor y Sexualidad Manuel Fuentes Wendling Un aporte al conocimiento del ser humano para comprender mejor a los jóvenes bajo la perspectiva evolucionaria o síntesis evolutiva moderna .
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Este breve ensayo tiene su origen en una de las miles de
cartas recibidas en los inicios de este Portal entre
los años 2000 y 2002.
En julio de 2001 una joven de los Estados Unidos me escribió a la versión
Pololeos.com de este Portal (la versión
tecnológicamente más simple) haciendo las siguientes preguntas:
- ¿Cómo explicaría usted la amistad, el amor y la relación de pareja adolescente desde un punto de vista biológico y al margen de íconos románticos e idealistas? - ¿Por qué cree usted que la sexualidad adolescente es mirada por los adultos como un problema?" La respuesta que en la oportunidad envié fue breve y bien acogida. Posteriormente consideré que el tema merecía más profundidad para su publicación en este Portal. Una encuesta sobre sus conductas ante la sexualidad hecha vía e-mail entre adolescentes que escribían de diversos países; intercambio de ideas con sociólogos, psicólogos, psiquiatras, médicos, antropólogos, genetistas e investigadores, por vía de sus blogs o a través de e-mails; y, finalmente, charlas en foros abiertos o en chat, bipersonals en Internet, dieron forma y sentido a este texto cuyo fin no es otro que contribuir al mejor conocimiento de la sexualidad de los jóvenes entre los mismos jóvenes y entre los adultos.
En
enero de 2010, una revisión del texto original
me permitió enriquecerlo con información actualizada
y ajustar su redacción.
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Dejo anticipada y expresamente establecido que este
texto resume un punto de vista personal y no compromete a otros integrantes, participantes o colaboradores de este Portal ni a instituciones vinculadas a él.
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Pienso, en general, que la amistad, por una parte, y el amor de pareja, por otra, han estado presentes siempre entre los seres humanos desde que éstos impusieron su supremacía en el reino animal.
Ambos son sentimientos que pueden expresarse en determinadas circunstancias y de diversas formas y obedecen a patrones de conducta preestablecidos que, en el caso de la amistad, se vincula con la sociabilidad (los seres humanos se agrupan en sociedades y forman culturas) y con el deseo sexual (en el caso del amor), un rasgo incorporado en nuestra genética. |
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La amistad no distingue género y puede establecerse entre una o más personas. Se ha cimentado siempre,
a mi juicio, en la armonía de personalidades, mutuas conveniencias, afinidades y recíproca aceptación
inteligente de nuestros humanos defectos y errores.
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La amistad es también, en mi opinión, un protocolo o acuerdo no escrito entre dos o más personas para ayudarse y para compartir. En su base, pienso, está la solidaridad en la vida de comunidad, un aspecto más que necesario para proteger la especie cuando el hombre luchaba por su supremacía en el mundo.
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La amistad es funcional a una variada cantidad de circunstancias y siempre consecuencia de alguna razón de identidad con los demás que participan de ella.
Cuando desaparece tal identidad o
estimulo, la amistad desaparece y la reemplaza un registro neutro de experiencias que sirven de modelo para la
creación de similares procesos.
Así y todo, la amistad puede recrearse si se
restituyen los estímulos que la
originaron.
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El amor de pareja, independiente de la libre idealización que cada persona pueda darle desde su propia perspectiva cultural o en el marco de la sociedad donde se desenvuelve
históricamente, tiene, en mi opinión, su base y fundamento en una conjunción e interacción bioquímica entre dos personas.
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Esa conjunción bioquímica se adentra en lo más profundo de la estructura genética de la especie humana y constituye la herramienta con la que ésta busca mantener su supremacía respecto de las demás especies. Es lo que, en términos generales, propone la
Teoría Evolucionaria o
síntesis evolutiva moderna, con cuyos conceptos me identifico.
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El amor de pareja, por tanto, aparece como un mecanismo preestablecido auxiliar del instinto sexual. Está inserto en la genética humana. Por eso es trascendente y, la mayoría de las veces, está por sobre la razón.
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El amor de pareja al ser un mecanismo auxiliar del instinto sexual
actúa para contribuir a la relación (selección natural) entre los seres humanos de genero diferente.
Sólo en casos de alteraciones en los cromosomas sexuales y como consecuencia de los trastornos y desorientación que tal situación provoca, puede surgir una expresión de amor entre individuos que, en apariencia física, aparecen como del mismo género.
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Tras el amor de pareja está el instinto sexual y una lógica evolucionaria (o proceso de evolución natural de los seres humanos) que hizo la selección de tal deseo, y que en la práctica se expresa inicialmente por un mutuo reconocimiento, percepción, evaluación y aceptación personal. Sigue con un proceso de intercambio de códigos extraverbales (movimientos y gestos) y sonidos y, desde que el ser humano aprendió a hablar, verbales (expresiones de voz). Se extiende en un etapa de intercambio de experiencias y búsqueda de afinidades, y culmina en la exploración y estimulación físicas y el descubrimiento de la sexualidad compartida.
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Por lo anterior es que creo que la relación de pareja en los adolescentes tiene plena legitimidad y ésta se extiende a su sexualidad.
Como dice A. Fischer:
"El deseo sexual es un rasgo que aparece en las personas sin necesidad de enseñarse, aprenderse o imitarse. Está incorporado en nuestro genoma, y fue seleccionado porque es un instinto que permite transmitir los genes a la siguiente generación, hecho indispensable para no desaparecer como especie del reino animal. Ese es un rasgo genético de los seres humanos, sin perjuicio de las variaciones de formas y costumbres con que ese deseo sexual se manifiesta en conductas en las distintas culturas".
(A. Fischer A.
"Evolución. El nuevo paradigma". Editorial Universitaria. Santiago, Chile. Año 2001).
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La sexualidad adolescente se presenta como un problema
luego de que el ser humano, como consecuencia de la investigación y los descubrimientos de la ciencia médica, modificó y amplió su sobrevivencia,
pero mantuvo inalterables los períodos de su maduración sexual, que están impresos en los códigos genéticos.
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El término "adolescencia" viene del latín "adolescer"
o, en otros términos, carecer, faltar, y se refiere
al período de los seres humanos entre su
pubertad, cuando ya está en condiciones de
reproducirse, y la
adolescencia, donde avanza hacia su condición de
adulto social según la siguiente descripción:
"La adolescencia es un fenómeno biológico,
cultural y social, por lo tanto sus límites no se
asocian solamente a características físicas".
Pero esta afirmación, universalmente aceptada ¿no
estará contraviniendo la naturaleza propia del ser
humano?
Hoy, al Igual como ocurría
hace miles de años, en la
denominada adolescencia los seres humanos ya tienen plenamente activos los mecanismos para la reproducción. Esta es una condición
genética ancestral que predispone al individuo para cumplir con el mandato natural de conservar
su especie, una especie que, por su condición
primitiva, en sus orígenes no superaba los 25 o
menos años de vida como promedio.
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En palabras más claras si, como dice Fischer,
el deseo sexual está incorporado en nuestro genoma y fue seleccionado porque es un instinto destinado a evitar desaparecer como especie del reino animal,
al extenderse la esperanza de vida el predominio humano se ha asegurado, pero los mecanismos de la sexualidad se conservan intactos en los individuos como si la especie estuviese aún en riesgo.
Los datos proporcionados
por la Agencia Central de Inteligencia de los
Estados Unidos (CIA)
sobre esperanza de vida al nacer, (al
2009), muestran que de 224 naciones y territorios,
en primer lugar se encuentra
Macao,
con un índice de 84,3 años y en el último está
Angola,
con 38,2 años
Comparativamente, los antecedentes disponibles
señalan que el promedio de esperanza de vida en la
Grecia Clásica era de 28 años, el de Norteamérica
Precolombina entre 25 y 30 y el de inicios del siglo
pasado, 30 a 45 años.
Por tanto, y siguiendo el pensamiento de A.Fischer,
si los mecanismos genéticos de la sexualidad en el
ser humano se encuentran intactos, el período así
denominado actualmente como adolescencia, 9/10 a
17/18 años, correspondería a la edad plena promedio
de 15 años en que la especie busca instintivamente
su conservación, es decir a mitad de su vida.
Pero al prolongarse la vida, la edad genética de 15
años pasa a situarse en el primer quinto de la
que bien podría definirse como existencia social
de un individuo, generándose el conflicto entre los
naturales instintos del joven y los frenos
culturales que le imponen los adultos
"sobrevivientes" de la edad límite de 30 años.
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Al ampliarse el horizonte de vida humano por sobre los
80 años (en las naciones desarrolladas), la sociedad moderna en vez de entregar una educación apropiada sobre la sexualidad y el amor, para que cada adolescente enfrente y administre más responsablemente la etapa que vive, optó por la
coerción bajo diversas formas, en un equívoco esfuerzo para tratar de inhibir en ellos el impulso vital de procrearse.
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Pero como el instinto de la sexualidad no puede detenerse ni en los adolescentes ni en los adultos, la ciencia médica buscó el recurso de bloquear sus consecuencias - la procreación - a partir de la contracepción en sus diversas formas, un paso que cada vez adquiere mayor consistencia en las sociedades occidentales.
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Es necesario reconocer que aunque el mandato de la naturaleza de procrearse está en la genética de cada
joven, la complejidad de la vida moderna obliga a asumir con
plena responsabilidad la función paterno-materna, cualquiera sea la sociedad en que se viva en el mundo,
constituyendo una obligación de los estados y sus
autoridades informar, orientar y guiar a los adolescentes desde su infancia, a
enfrentar la para ellos difícil etapa de ser mujeres
u hombres en condición de ejercer el acto de
procrear y convertirse en madres o padres.
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Por eso es que el conjunto de circunstancias genéticas, sociológicas e históricas, han convertido
las relaciones de pareja de los adolescentes,
una institución no reconocida en las actuales
sociedades nacionales, en ejercicios preparatorios para enfrentar una futura relación/compromiso de pareja
formal adulta.
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El supuesto teórico es que los jóvenes
deben entender que para cumplir la orden natural de procrearse, inserta en su genoma,
tienen que llegar a la edad adulta con los instrumentos sociales (recursos económicos y materiales) suficientes como para asumir de manera responsable su tarea de madres o padres.
Pero el cómo debe hacerse entender tal
responsabilidad, el cuando debe hacerse y el
quién debe hacerlo, definitivamente son
elementos no resueltos ni a través de los sistema de
educación ni por la vía de la preparación de los
padres. Tampoco es materia que preocupe mayormente a
las Secretaría de Educación ni menos a las
correspondientes comisiones o comités de los
Parlamentos. Finalmente, padres y madres, ya entada
la primera década del actual milenio simplemente no
saben qué hacer ante el desafío de enseñar a sus
hijos o hijas lo que nadie les enseñó. El único paso
que tímidamente dan algunos de ellos es sugerir el
uso de preservativo.
En medio esta falta de respuestas de las sociedades
y de padres y madres al desafío de la sexualidad
juvenil, un verdadero bombardeo
publicitario/comercial e informativo de farándula o
de entretenimiento, se ha apoderado de los medios de
comunicación que, apelando con desenfado a conceptos
de eroticidad y exaltación de la voluptuosidad
femenina o masculina, busca provocar atención en
nuevos productos y modas o aumentar los rating de
sintonía o de venta, sumándose, además, la
pornografía expuesta en cientos de sitios web.
Si bien el blanco principal de esa eroticidad
mediática son los adultos jóvenes y adultos
con recursos económicos, los adolescentes, por
lo general sin mayor poder adquisitivo, terminan
también envueltos en esta vorágine que compromete la
estabilidad de su comportamiento emocional y sexual.
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Sólo los adultos que logran entender lo que es
y significa la procreación de la especie humana, particularmente quienes ejercen los roles de padres, profesores o guías escolares,
están capacitados para entender, en alguna forma, las relaciones de pareja en la adolescencia y
el comportamiento sexual implícito en las mismas
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La condición de "responsabilidad sexual" exigida a los jóvenes se sitúa en el contexto de los rasgos de carácter cultural del ser humano y se convierte en un código de conducta que provoca en los adolescentes desorientación porque choca con sus rasgos de carácter biológico.
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Ocurre, entonces, que mientras su entorno cultural (la sociedad donde vive) le dice a un joven que no debe tener relaciones sexuales con su pareja adolescente, ese mismo adolescente y su pareja sienten, en algún momento, el mandato natural de procrearse, expresado en estados progresivos de mutua excitación sexual que pueden ser incontenibles.
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La
sexualidad adolescente vinculada a los sentimientos
de amor que nacen en este período de la vida humana debe
ser preocupación de todos los líderes de
organizaciones internacionales y de las naciones, de los investigadores
de diversas disciplinas y de las autoridades
educacionales, entre otros actores, porque ya es un hecho comprobado que la adolescencia (particularmente en las niñas) se está adelantando en las naciones desarrolladas o en aquellas que están en vías de convertirse en tales, como consecuencia de alteraciones hormonales
generadas por cambios en su dieta. Tal situación
traerá como consecuencia, inevitablemente, una mayor cantidad de adolescentes convertidas en madres solteras, con el consiguiente impacto social.
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Manuel Fuentes Wendling. Es periodista, escritor e investigador social. Ha escrito 15 libros sobre historia, investigación política, arte y orientación personal, incluyendo "Amor en la Adolescencia". Este ensayo sobre la amistad, el amor y la sexualidad, escrito en 2002 y revisado en enero de 2010, es una contribución a la Teoría Evolucionaria o Síntesis Evolutiva Moderna, particularmente en lo que se refiere a la adolescencia.
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